miércoles, 18 de enero de 2012

Podría ser la última.

Calor, verano, playa, todo lo cambie por pañales, hacer dormir a mi niña, y quedarme mirándola por horas como duerme en su camita. Querer expresar en palabras la sensación de felicidad es imposible. Para un leonino pasar a ser actor de reparto en su vida es medio complicado, pero todo se transforma cuando la actriz principal de tu vida es tu hija.

Como muchos amigos me diagnosticaron que a partir de ahora dejaría escribir, se me ocurrió escribir sobre la última vez. No todas las últimas veces son malas o trágicas, es más la última noche luego de comer mi niña durmió como un angelito, agreguemos que eran las 2 de la mañana y volvió a despertarse a la 5 de la mañana (es decir dormí 3 horas de corrido) Alguien por ahí estará pensando que desgraciado durmió 3 horas nada más, a los que piensan eso, como dice la Biblia: “perdónalos…no saben lo que piensan”. Pero fue un placer tibetano el que me regalo mi niña en la última noche.

Pero si hablamos de relaciones de pareja siempre la última vez tiene dos polos (como las pilas), la positiva, la de la parte dejante que recordará ese momento como un momento feliz. Y la parte negativa, la parte dejada que deberá recurrir a sus amigos, a Ricardo Montaner, un helado. Si el dejado es hombre entrara en un pozo anímico del cual solo saldrá para ver los toreos de verano. Si la dejada es mujer salir del pozo es mucho más sencillo, una bikini, playa, y pronto (diría Nano Fole) a la brevedad tendrá más de 20 palomas revoloteando para olvidar al paloma que se fue. (No influye la playa a la que asista la dejante, en verano el hombre es palomo, desde la playa Ramírez hasta La Paloma)

Ahora la última vez que viaje en ómnibus fue terrible, el calor fue una cuota de los 12 pagos sin recargo que hay que fumarse arriba de un bondi en la capital. La mezcla de aromas en verano se potencia, el vaho del asfalto, más el Antonio Banderas de los hombres, más el Gabriela Sabatini de la damas, más el aroma a guarda que tiene el guarda, más el chofer (ser que en verano pasa a ser como el germinador de la escuela, si no lo riegas se pudre en cinco minutos), sumado al Poet fragancia “Vendedor ambulante”, hacen del viaje en ómnibus una experiencia religiosa.

Esta podría ser la última crónica que escribo así que se la dedico a mi hija, a mi señora, a mis padres, y a los profesores que me cedieron la hora para poder escribir esto, abrazo de gol.