miércoles, 2 de marzo de 2011

Mamá se olvidó.

Cómo dice el refrán: “madre hay una sola”. Esta verdad biológicamente indiscutible, en algunos casos desearíamos que tuviéramos la posibilidad de tener dos mamas. No estoy desmereciendo la actividad del padre, pero aunque nos cueste reconocerlo muchas veces a los hombres, la madre es la madre. Por lo tanto asiendo un silogismo, la madre es Kesman, por aquello de que Kesman es Kesman.

Los tiempos modernos nos llevan a todo ritmo y las madres no están ajenas a esta velocidad que nos impone el diario vivir. Mamá además de trabajar, tener sus amigos, poder realizarse como mujer, tiene la responsabilidad social de ser mamá. La historia que les paso a relatar, está basada en hechos reales de una madre moderna.

Marta había salido de su casa a las ocho y trece minutos de la mañana, le dejó el desayuno pronto a su hija Lucía y a su esposo Marcelo. Llegó a su trabajo minutos antes de la nueve, una vendedora comprometida con su actividad, disfruta calzando a la gente, en fin una vendedora de las que hoy por hoy quedan muy pocas.

A las once y cuarto sube al depósito de la zapatería a tomar un vaso de agua y aprovecha para revisar su celular. A las diez menos cuarto había recibido un mensaje: “Nació Nacho estamos muy contentos”. Mercedes, su mejor amiga había sido madre por primera vez. Marta emocionada espero a su descanso para responder al mensaje y al mismo tiempo arreglaba con Marcelo para que este pasará a buscar a Lucía por el jardín.

Luego del finalizar su trabajo Marta se dirigió hacia el hospital, Nacho estaba despierto y les regalaba sus primeras gracias a sus padres y a Marta, como sabiendo que esta era muy amiga de su madre. Marta y Mercedes comenzaron una charla que finalizo minutos pasadas las veinte horas.

Caminaba rumbo al ascensor del hospital cuando recibe un mensaje de su esposo: “Hola como están, estoy todavía en el trabajo, llego tarde”. En ese instante a Marta se le transforma la cara y comienza a apretar el botón llamando al ascensor al punto de hundir el mismo en la pared. Sube y comienza a mirarse en el espejo y a tirar insultos al aire. Nunca demoró tanto el viaje en ascensor desde el segundo piso a la planta baja, mientras tanto Lucía seguía esperando en el jardín.

Corrió por la vereda, tomo un taxi y le dijo al taxista:
- Al jardín.
Inmediatamente recapacitó y le indicó la dirección del jardín de infantes donde se encontraba aún Lucía. Iba pensando que le iba a decir a Lucía, pues a Marcelo ya tenía bastante claro que le iba a decir a la noche. Al llegar al jardín, ahí estaba Lucía, ojitos llorosos que se le iluminaron al ver a su madre. Marta no tenía consuelo, la abrazo y en ese instante Lucía le dijo:
- Menos mal que viniste, pensé que te habías olvidado de mi.