miércoles, 2 de febrero de 2011

Crónica de una siesta de verano.

Esto es un buen bostezo
La siesta es un ritual que generalmente los abuelos y abuelas les trasmiten a sus nietos, luego el niño o niña en su adolescencia retoma dicho culto, aplicando aunque sin reconocérselo a sus abuelos – producto de la rebeldía propia de la edad – todas sus enseñanzas respecto a dicho ritual.

En aquellas tardes de la década de los noventa cuando llegaba del liceo y después de almorzar me tiraba en la cama de debajo de la cucheta que compartía con mi hermano, prendía la tele y comenzaba a mirar primero Bill Cosby, luego veía una serie de un abogado gordo que tenía un perro igualito a él y lo acompañaba un detective de camisas hawaianas, para lentamente ir entregándome al placer de la siesta, mientras re ojeaba Tom y Jerry.

En estos tiempos que corren sólo en vacaciones puedo darme el lujo de siestar, por tal motivo mis ojitos se están cerrando, la mano me pesa al escribir, y la sucesión de bostezos me indicando que…ah…me acomode de costado en la cama…mua..muammm…y me entregue al…hajjsdfhda…placer de siestar.