lunes, 17 de enero de 2011

Mascotita nunca más



Sin temor a equivocarme, no existe experiencia más traumatizante para un niño de entre cero y cuatro años que ser mascotita de fútbol. Mi padre hoy se reconoce como hincha de Wuanderes, si bien su origen bohemio fue puesto en dudas varias veces por el abuelo Oscar en varias tertulias familiares. Pero más allá del origen bohemio de mi padre, lo que si es cierto es que por los años 1979/80, mi padre asistía al Parque Viera acompañado de mi madre y de su primogénito – yo -.
 
    No tengo detalles de la vestimenta de mis padres pero seguramente estarían vestidos a la moda, y con peinados relucientes. Por otra parte cuenta la leyenda que yo iba vestido, además de la tradicional ropa de bebe, envuelto en la camiseta de Wuanderes. En ese primer añito de vida cuentan mis padres con orgullo que yo era pasado por encima del alambrado a los jugadores bohemios para de esta manera transformarme – también supongo y afirmo sin temor a equivocarme – en la única mascotita bohemia.

    Dicen que “Chifle” Barrios y Enzo Francescoli tuvieron el honor - aunque ellos no lo sepan - de tenerme en sus brazos en varias tardes a la hora de saludar a la hinchada bohemia. Cuando ya daba mis primeros pasos dicen que entraba de la mano de los jugadores. De esta segunda etapa de la cual podría guardar en la memoria alguna diapositiva, fue borrada totalmente de mi disco duro.

    ¿Por qué siendo un tipo futbolero borrar estas imágenes? Claramente por que para un niño estar de la mano de un desconocido en un túnel con poca luz, no es la experiencia más agradable y placentera del mundo. Además no creo que hubiera muchos niños en el túnel de Wuanderes en aquella época. Los dos únicos hinchas de Wuanderes de mi edad que conozco tienen el mismo origen bohemio que mi padre, por lo tanto me animo a reafirmar que en ese túnel como mucho seríamos dos o tres niños.

    Como consecuencia nefasta para mi padre, tal experiencia no me cautivo como para que yo heredara el amor por el club de sus amores. Tal vez si mi padre no me hubiese donado como mascotita, el próximo domingo lo estaría llamando para pasarlo a buscar y juntos ir a ver a su querido Wuanderes.