sábado, 22 de mayo de 2010

Yo sólo quería correr con mi botija.


Luís es oriundo de una ciudad pequeña de nuestro país. Desde muy joven se destacó por su resistencia física. Supo competir en distintas carreras en donde dejo bien alto el honor de su pueblo natal. Luís hoy es profesor de educación física, y mientras estudiaba en el ISEF jamás imaginó cómo le iba a pasar factura el tiempo y su pueblo con el correr del tiempo. Como ya lo mencionó Jorge Nasser: “pueblo chico, infierno grande”.

Luís tiene dos hijos; cuando Pedro – su hijo mayor – cumplió nueve años le pidió como regalo que corrieran juntos la maratón de su pueblo. Luís encantado y babeando del orgullo de ser padre aceptó gustoso al pedido de su hijo. En las semanas previas a la carrera padre e hijo planificaban la misma en cada sobremesa familiar. El gran objetivo para los dos era llegar a la meta, sin mayor trascendencia al puesto que ocuparían al terminar la misma.

El día ansiado por ambos al fin llegó. Al comienzo de la competencia todo salía casi como lo habían planificado y soñado en las noches previas. Aunque ambos por la emoción de correr juntos no consideraron una variable para nada menor: los vecinos del pueblo.

Ya en los primero metros algún vecino gritó: - “…Luís ¿qué lento estás?...” A lo que padre e hijo respondieron con una sonrisa. Más adelante otro grito de aliento que se escuchó fue: - “…Luís ya no tenés 20, retirate…” A medida que ambos avanzaban los gritos de aliento se hacían más repetitivos y agresivos Luís poco a poco iba tomando temperatura y su bronca era directamente proporcional a los gritos de aliento.

A muy poco de alcanzar la meta, Pedro trataba de calmar a su padre, lo alentaba diciéndole: - “…vamos papá, ya falta poco para llegar, no escuches más a los vecinos…ya falta poco papá…” Estas palabras calmaban la bronca de Luís, aunque éste no dejaba de pensar en lo ingrato que estaba siendo su pueblo con él. Los mismos vecinos que ayer se enorgullecían del hijo del viento, hoy deseaban que el viento se llevara al hijo.

Luego de la última curva y faltando 300 metros para la meta, padre e hijo debían saltar su ultima valla. El Gordo González los esperaba sentadito en su silla playera, termo, mate y biscochos de por medio. Cuando ambos pasaron corriendo el Gordo cantó: “…Manuelita vivía en Peguajo, pero Luís no la alcanzó…”

Luís inmediatamente explotó en furia, detuvo su marcha encaró al Gordo y le dijo de todo menos lindo, pero antes de retomar su carrera Luís se desahogó por última vez gritando bien fuerte: “…mierda carajo, yo sólo quería correr con mi botija…”

El silencio se apoderó de la meta, padre e hijo cumplieron su objetivo, aunque jamás volvieron a correr juntos. Hasta el día de hoy se comenta en el pueblo: - - “…lo que Luís perdió de velocidad, lo ganó en mal humor…”

martes, 11 de mayo de 2010

Todo sea por llenar el álbum.


En este último tiempo he intentado varias veces dejar de fumar. El pasado verano llegue a estar cuatro días sin humo, pero luego recaí. Ahora con el Mundial se me tiene que dar.

Hace días estaba buscando el álbum del Mundial, hoy por fin lo encontré. Le agradezco profundamente a los hermanos Mosca por el obsequio, por lo tanto si quiero llenar el álbum tendré que dejar de fumar.

Por que con dos vicios no se puede vivir, así que amigos a partir de mañana cambio humo por figuritas.