lunes, 29 de marzo de 2010

No fue un día más.


Antonio se levantó temprano y fue a la cocina de su casa, ahí lo esperaba su abuela como todas las mañanas para desayunar. Las tostadas, el mate dulce, la abuela eran compañeras habituales en las mañanas de Antonio. Mientras desayunaban conversaban sobre el clima, lo violento que se había vuelto el barrio y del repentino cambio de Omar Gutiérrez de canal 4 a canal 10.

Luego de desayunar Antonio se dirigió a su cuarto, tomó su mochila y se fue para la facultad. Pintaba como que el día sería uno más, pero todo cambio cuando en un recreo sonó el celular de Antonio. El mensaje era de su novia, lo invitaba a almorzar, esto rompía la monótona mañana y Antonio acepto la invitación.

Antonio se comunicó con su abuela le avisó que no lo espere a comer y que se quedara tranquila que nada malo le iba a pasar. A las once y cuarto luego de finalizada la clase de orgánica, Antonio sacó sus anteojos Ray Ban de su mochila y se los coloco al mejor estilo Don Johnson, caminó hacia un cajero automático retiró algo de dinero y se subió al 468 rumbo a la casa de su novia.

Durante el recorrido en el ómnibus Antonio decidió pasar por el supermercado que quedaba a pocas cuadras de la casa de su novia para comprar el postre y un refresco, no quedaba bien llegar a casa de su novia con las manos vacías.

Antonio entró al supermercado y camino primero por las góndolas de los fideos, se dio de frente con los fiambres, y ya cuando la geografía del lugar lo estaba poniendo de mal humor, miró por encima de sus anteojos, divisó que al final de la góndola de los artículos para baños estaban los helados.

Justo unos paso antes de llegar a los helados Antonio escuchó gritos, disparos. "Todos al suelo o los quemamos!" se escuchaba desde las cajas, Antonio pensaba y giraba y solo veía jabones y toallas, los gritos se volvía mas desesperantes y los llantos de impotencia se mezclaba con el paisaje sonoro.

Antonio actuó rápido y tal vez sin pensar, eran ellos o yo, mi vida estaba en juego declaró más tarde a un agente policial. Tomo sus lentes Ray Ban y la plata que había sacado del cajero y escondió todo entre las toallas – pues los lentes hubieran sido muy fáciles de divisar entre los jabones - se tiro al piso y respiró profundo, pensando que lo que le estaba pasando tal vez era parte de un sueño.

Antonio estaba siendo parte de copamiento, pero el no estaba copado de vivir ese momento. Mientras los jóvenes delincuentes intentaban reducir a empleados y clientes del supermercado, la tensión subía y los nervios no le permitían pensar con claridad, lo único que lo aliviaba era que sus lentes estaban a salvo.

Luego de varios minutos de tensión y confusión la policía logró reducir a los copadores. Entre la confusión y los gritos Antonio debió identificarse varias veces ante los policías, lógicamente que oralmente al grito de soy cliente, pues sus documentos se encontraban en la entrada del supermercado junto a su mochila en los casilleros destinados par este fin.

Todos intentaban salir rápidamente del supermercado, pero Antonio tenía una misión que cumplir, recuperar sus anteojos y el dinero que había dejado entre las toallas. Hacía las toallas se dirigió y justo en el momento de recuperar su dinero un oficial que lo apunta y le grita, alto en nombre de la ley. Antonio se paralizó y de espalda le grito soy cliente, entonces el oficial bajo el arma y lo acompaño a salir del supermercado.

Una vez afuera tuvo que esperar a los peritos y sobre todo tuvo que esperar más de cuatro horas para recuperar su mochila. A todo esto el almuerzo se había enfriado. Cuando llegó a la casa de su novia por supuesto con las manos vacías, su novia lo esperaba para recriminarle por el tiempo de atraso. Antonio le contó lo sucedido y se quedo a cenar.

Antonio mientras cenaba pensaba, menos mal que la abuela no se enteró que hoy no fue un día más.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Invasión de mosquitos.


En las últimas semanas hemos sido víctimas de una invasión de mosquitos, langostas, polillas y varias especies de bichos voladores que realmente me sorprenden por su variedad y cantidad.

Con respecto a los mosquitos, tengo que contarles que una noche fui atacado por una nube de los anteriormente mencionados insectos. Este ataque provocó que sacara el John MC Claire – que todos llevamos dentro – y me transformara en un asesino de mosquitos a sueldo. Al principio me pregunté: ¿qué haría John en esta situación? Iría corriendo a rosearse en Off, no, seguramente que no. John iría a la cocina tomaría un repasador como arma mortal, se encerraría en el cuarto junto a la jauría y comenzaría a dar batalla, demostrando que realmente es duro de matar. Y eso hice, dejando un montón de cadáveres a mi paso.

Posteriormente a este hecho me tocó viajar en un 468 con dos langostas que no paraban de saltar. En esta ocasión, tal vez por pudor o timidez, no exteriorice el asesino – con conciencia social - que hay en mi. El hecho me pegó para la reflexión platónica, y dejó salir la siguiente reflexión: “…nos volvimos un país tropical…la puta madre…”

miércoles, 10 de marzo de 2010

El barrio ya no es igual.

Como ha cambiado mi barrio cita una de las canciones del Cuarteto de Nos. Si nos detenemos un instante a observarlo – más allá del barrio en cuestión – definitivamente el Cuarteto tiene razón. Dejando de lado los cambios arquitectónicos, a los cuales uno de niño jamás prestó atención, están los cambios de comunicación entre los vecinos.

El uso masivo del celular implicó que ya nadie o casi nadie de el teléfono de un vecino para que el mundo,en caso de emergencia, se comunique con uno. Pues en este pequeño país de casi tres millones de habitantes, hay en el mercado de consumo más de tres millones de celulares. Si bien la relación no es directa o uno a uno, son muy pocas las personas que están dentro del sistema y hoy por hoy no tienen celular.

Ya les había contado en crónicas pasadas de la relación que generó mi barrio con el pichi de la cuadra. Pachamé y corbata – su perro – le daban un toque de folklore a la placita de Yaguarón e Islas de Flores. Por aquellos tiempos los pichis tenían nombre y eran tratados como un vecino más.

Pero los tiempos cambiaron y pasamos de un bando al otro muchas veces sin darnos cuenta. Si cambiaran los tiempos, hoy el Pichi ya no es vecino y al parecer se habrían convertido en archí enemigos. Si no me creen para muestra basta una foto.



PD: Además creo que el barrio ya no es el mismo porque me mudé – perdón que insista con el tema pero estoy copado con la nueva casa –

martes, 2 de marzo de 2010

Lazo rojo, invisible.


Al igual que varios uruguayos y uruguayas, soy uno más que estuvo enganchado hasta el día de ayer con la telenovela “Valientes”. Debo confesar que dicho enganche se debió pura y exclusivamente a las bellezas femeninas que protagonizaban dicha novela – también estaban muy bien los protagonistas masculinos – y a lo choto, poco profundo y trivial del argumento de la misma.

Pero no todo es color de rosa o rojo como el supuesto lazo, que a su vez era invisible. El engancharme con la novela no fue pretexto para no pensar mientras la miraba. Y es aquí el meollo del asunto, desde hace días me cuestiono – no sobre porque carajó me enganche con Valientes – sino que estoy meditando sobre el lazo rojo invisible.

Amigo lector lo invito a reflexionar juntos, cualquier objeto invisible, por definición de lo invisible es incoloro. Por lo tanto si un objeto invisible fuese rojo la lógica indicaría que todo objeto invisible es rojo. Por ejemplo, el alma sería roja.

De donde llegábamos al gran problema, ¿todo objeto rojo sería invisible? ¿Será cierta la premisa: todo objeto invisible es rojo? Ahora antes de entrar en el problema recién planteado, intentemos pensar juntos, si puedo determinar el color de un objeto es porque lo pude observar, si lo pude observar entonces no es invisible. Entonces no vale la pena preocuparse por las dos preguntas anteriormente planteadas al comienzo de este párrafo.

Por lo tanto el lazo rojo invisible no existe.