sábado, 25 de abril de 2009

Los ositos cariñosos


Si les cuento que luego de casi doce horas de viaje, con lo primero que me cruce fue con los ositos cariñosos, seguramente usted no me creerá amigo y amiga lectora.

Gracias a la síndrome “del japonés” que padezco, desde que tengo cámara digital, hoy puedo mostrarles, además de contarles mi encuentro cercano con los ositos cariñosos.

En clara postura de protesta allí estaban todos ellos, brazos levantados, y mirada cariñosa como no podía ser de otra manera. Si bien algunos de ellos daban claras muestras de ser víctimas de la ingesta de alguna droga, en líneas generales se mostraban respetuosos ante quienes se detenían a observarlos.

Estaban auspiciados por el gobierno alemán, la protesta iba dirigida hacia aquellos mortales que los habían reseteados de su memoria. Llevándolos al olvido, acompañados solamente por los Pequeños ponis, Gargamel y todos los Pitufos quienes también hoy viven entre las tinieblas de nuestras memorias.

Mostraban varias pancartas, algunas tenían frases como las siguientes: “…Ya lo dijo Romina, Barnie es un mentiroso…”, “…El tigre de He-man era gey, no lo descriminen…”, “…Yo también soy hijo de Lugo…”, “…Autonomía y Cogobierno…”, “…No se olviden de Cabezas…”, “…¿Dónde vacunan en la blanqueada?...”

Como puede desprenderse de sus reivindicaciones sindicales los ositos cariñosos están dispuestos a llegar hasta las últimas consecuencias, inclusive quedarse una temporada en el zoo de Villa Dolores.

A los pocos días volví a la plaza a llevarles comida y agua, y para hacerles llegar mi adhesión a su causa. Lamentablemente los ositos cariños ya no estaban más en la plaza.

Algunos vecinos de la zona me contaron que habrían marchado a recorrer toda la América Latina en busca de sus televidentes perdidos. Otros vecinos menos optimistas, sostenían la teoría que en la noche una horda de amaestradores de circo los capturaron.

Me quedé sentado en un banco de la plaza, esperando a encontrar la solución. Las horas pasaron y al caer el sol, escuche un canto que me alegró la jornada: “…hoy vuelvo al bosque estoy contento de verdad, la la larala….”