miércoles, 25 de febrero de 2009

Esto en los aviones no me pasa



Nunca antes había asistido a una despedida de soltero que durara más de una noche. Pues la despedida de soltero de Chipi Castro duró 4 días – de los cuales estuve presente en 2 – Se salio alrededor de las 10:00 hrs. desde la Terminal Tres Cruces rumbo a La Paloma, se suponía que cerca de las 14:00 hrs. estaríamos llegando a nuestro destino.

Luego de una ronde de pite – como se ve en la foto – realizada por: Polo, Billi, Moratorio, Ito, Chipi, Pérez, Patovica y Marrrone; y de saludar a “Don Moratorio” que nos acompaño en toda la previa realizada en Tres Cruces, hasta el momento de subir al fatídico coche 23.

Arrancamos desde la Terminal ya sin aire acondicionado, el chofer inmediatamente para dar tranquilidad a todos los que viajábamos, anunció que haríamos una parada para resolver el problema. En Avenida Italia y Propios nos esperaban un equipo de mecánicos – dos para ser más precisos – que en no más de cinco minutos resolvieron momentáneamente el problema del aire.

Unos kilómetros más adelante, ya inmersos en el departamento de Canelones, a poco de pasar por Atlántida, nuevamente el aire dejo de funcionar. El chofer detiene el coche 23 con la intención de resolver el inconveniente, al pasar los minutos los integrantes de La Bada FC, decimos bajar para realizar una nueva ronde de pite.

Luego de la ronda de pites, Ito, Billi y Polo se ponen a jugar al tejo, utilizando unas piedras que se encontraban al costado de la ruta. Por su parte Moratorio decide utilizar los baños naturales, mientras que Pérez, Patovica y Chipi intentaban ayudar al desolado chofer. Solamente Chipi mostraba reales conocimientos para poder ayudar, el resto era chamullo.

Por segunda vez reparábamos el aire y todo parecería tomar su rumbo normal, subimos nuevamente al ómnibus y ni bien nos terminamos de acomodar en nuestros asientos, Chipi dijo en voz baja:

- “…en unos kilómetros rompe distribución…”

Y rompió no más, en el kilómetro 53, el coche 20 números menor – el 23 – dejo de funcionar. Ahí fuimos comunicados de que teníamos que esperar un relevo. El sol pegaba fuerte, pues ya eran cerca de la 12:00 hrs., vimos el oasis en el desierto, una estación de servicio a pocos metros de donde estábamos varados. Y hacia ella nos dirigimos.

Hora y media más tarde las coronas, las club social y el ballantines se habían apoderados de nuestros cuerpos. No sé ni que hora era cuando volvimos a subir al ómnibus para ahora si definitivamente emprender el viaje final. Ya llegando – a la altura del Camping de La Paloma - el aire se volvió a apagar, y el chofer nos comunico que no realizaría más paradas y que iríamos en punto muerto hasta la Terminal de la Paloma, pues el coche 23 no daba más. Y en ese momento se escucho la voz de Chipi:

- “…esto en los aviones, no me pasa…”