jueves, 26 de febrero de 2009

El tiempo no para



De apoco me doy cuenta que quería decirme mi abuelo Oscar, cuando afirmaba que todo tiempo pasado fue mejor. Ya estoy entrando en esa etapa de la vida donde recuerdo mi niñez, mi adolescencia y ahora soy yo el que afirmo que antes todo era mejor. Pero el antes que yo añoro es mi antes y no el de mi abuelo, y seguramente mis nietos añoren su tiempo y no el mió.

Recordar los queridos dibujos animados, seriales de televisión, los juegos con los gurises del barrio, las anécdotas de la escuela y el liceo. Si bien las películas trasmiten en sus mensajes que reencontrarse con los compañeros de la escuela o liceo puede llegar a ser una experiencia muy traumática donde uno debe disfrazar su vida, por miedo a sentirse un fracasado ante sus viejos compañeros, este no fue mi caso.

Hace un par de día atrás tuve la oportunidad – facebook mediante – de volverme a encontrar con algunos compañeros y compañeros del liceo. Era brava la parada, con algunos hacía 15 años que no nos veíamos ni teníamos contacto. Como era de esperarse ya no éramos los mismos, algunos más panzones, más pelados, en definitiva más viejos.

A diferencia de las películas no fue para nada traumática la experiencia, sino todo lo contrario. Rememorar momentos vividos de la adolescencia y de la niñez – ya que algunos habíamos compartidos también años escolares – estuvo genial. No sólo trajimos al presente anécdotas olvidadas, también se hicieron presentes algunos nombres que con el tiempo habíamos reseteado de nuestra memoria.

Algunos casados y con hijos o viviendo en pareja o divorciados, pues en fin todos viviendo a nuestra manera la vida, lo que a los 15 años parecía una utopía o ni siquiera nos imaginábamos, con el tiempo se fue convirtiendo en la realidad de hoy, pues como dice Serrat : “…el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos…”