martes, 3 de febrero de 2009

El pequeño Druida y la comunidad del anillo

De La Paloma 2009 Despedida de soltero de Chipi

Todo comenzó un sábado a la tarde, en La Paloma. Habíamos llegado hasta ahí para celebrar la despedida de soltero de nuestro amigo Chipi. Al llegar motivados por el hambre y el clásico – Peñarol, Nacional - que se disputaría unas horas más tarde, el grupo se dividió en dos. Por un lado Moratorio, Billi, Polo, Pérez y Patovica marcharon a realizar las compras, mientras que Ito y Chipi decidieron tirarse a dormir un rato, yo me quede mirando fútbol en la televisión en el comedor de la casa.

Ahí solo frente a la pantalla comencé a sentir alucinaciones, les reste importancia ya que pensé que las mismas eran el fruto de las cervezas que al mediodía habíamos tomado. Unos minutos más tarde mientras Pérez se encargaba de armar la picada, el resto del grupo se acomodaba para ver el clásico por la televisión. Fue en el momento que el Hueso Romero hace el segundo gol de Nacional, que volví a sentir alucinaciones, me sentía mareado, mi cuerpo ya no era mió, perdía el control del mismo era como si algún espíritu me estuviese poseyendo. Luego que finalizo el partido tome la decisión de irme a descansar un rato.

Cuando ya había logrado entrar en esa sensación de medio despierto y medio dormido, escuché un grito:

- Los fuegos de Mordor arden…sale mesa de Carloncho!!!

Sorprendido baje al comedor, ahí estaba el grupo alrededor de la mesa jugando al Carloncho. De inmediato presentí que algo no estaba bien, Billi, Ito y Polo eran hobbits, Moratorio era Gandalf, Chipi, Pérez y Patovica se habían transformado en Baywatchs, guardianes de la bahía. Sin decir nada, pues ellos no se veían tan sorprendidos como yo, pensé que los gurises habían organizado una fiesta de disfraces. Pero igualmente la sensación de duda no me dejaba disfrutar de la mesa de Carloncho: ¿por qué nadie me dice que me valla a disfrazar?

En medio del juego volví a sentir las alucinaciones, nuevamente la sensación de estar transformándome internamente, al mirarme las manos pude notar que estas poco a poco tomaban un color verde, me asuste y grite:

- Pozo

Sin darme cuenta me había ganado el pozo del Carloncho, salí corriendo hasta el baño, luego de abrazarme al water me mire al espejo y para mi asombro mi cuerpo había tomado un color verde, que me cubría desde la punta del pelo hasta la punta de los pies. Sin saber que hacer salí del baño y me volví a recostar en unas de las camas del cuarto de arriba.

Horas más tarde desperté y estaba en medio de una batalla, mis amigos de ruta, eran poseídos por los orcos al ritmo de La Lambada y de Violeta. Los orcos llenaban nuestros vasos con un licor amarrillo. Una mezcla de Gorlero y 360 Cerro eran la escenografía que acompasaba la lucha.
Con los primeros rayos de sol la calma fue ganando el terreno de batalla. Chipi, insistió en meternos el agua para romper el hechizo, Patovica, Pérez Ito y yo marchamos para la playa. Pero el agua del océano en vez de romper el hechizo lo incremento. Chipi cada vez más se parecía a David Hanselfald, mientras que Patovica – era el más nos preocupaba en ese momento – se transformaba en Pamela Anderson. Mientras chapuceábamos en la orilla del océano, nos percatamos que habíamos perdido a Gandalf y al hobitts Billi. Comenzamos a gritar:

- Gandalf!!! Billi!!!

A pocos metros de nosotros se encontraban Billi y Gandalf, este último tirado entre unos árboles cobijándose de la lluvia, lo encontramos literalmente muerto. Yo, el pequeño Druida con la ayuda de los hobitts Ito y Billi resucitamos al maestro y caudillo Gandalf, lo recuperamos del más allá. Este ni bien abrio los ojos dijo:

- Hemos ganada la primer batalla…yo no me como ninguna contigo…mira que sos feo, no malo…

Y volvió a cerrar los ojos, levantamos al caudillo Gandalf entre todos, yo lo puse a mi ahombro y comenzamos a andar, pues el anillo aún estaba a salvo, pero las garras del mal podían contraatacar en cualquier momento.

A la mañana siguiente cuando me desperté, Polo que preparaba el mate en la cocina, me dice:

- Marrrone, preparo un mate y miramos ET.

Tal vez allá sido solo un sueño, tal vez nada de lo narrado allá pasado, pero hasta el día de hoy tengo la sensación de que por una noche fui el pequeño Druida, que conjuntamente con la comunidad del anillo, salvamos al mundo de las garras del mal.