sábado, 27 de diciembre de 2008

Yo quiero ser niño otra vez

En el transcurso de este año he llegado a la conclusión que en el momento de asistir a alguna fiesta quisiera ser niño nuevamente. Nada tiene que ver con esta regresión, un Edipo mal curado, ni tampoco recuperar la inocencia, ni escaparle a los problemas que el mundo de los adultos se crea para subsistir y sentirse vivo.

Básicamente está regresión tiene que ver con lo alimenticio, en el pasado año he asistido a eventos donde a los adultos se les ofrecen unas tostaditas untadas en una especie de butifarra, de dudosa reputación. Mientras que los niños disfrutan de panchos y hamburguesas, luego de estar varias horas disfrutando de juegos que superan a aquellos juegos de antaño (comer la manzana que se encontraba en el fondo del latón con agua; chupetear un sartén embadurnado de dulce de leche, para ganarse cincuenta centésimos; y la infaltable piñata)

Y la gota que desbordo el vaso fue la espera de Papá Noel, la espera de las doce de la noche si bien es más traumática para el niño, que para el adulto. La sobredosis de bebidas colas que ingiere el niño, gracias a que el adulto toma cuanta bebida alcohólica se le cruza; le ayuda al niño a aumentar la ansiedad y permanecer hasta las tres de la madrugada con los ojos abiertos, como si tuviese el dos de la muestra (si no entiende la metáfora, busque reglas de truco uruguayo, pues el argentino se juega sin muestra)

Y verle la carita de felicidad cuando abren los regalos no tiene precio (para todo lo demás Master Card) me puse sensiblero, que suena mejor que decir que me estoy poniendo viejo.