jueves, 4 de diciembre de 2008

Dale tú, que te toca a ti.

Cuando uno tiene pareja, novia, mujer, patrona, señora o en el caso femenino parejo, novio, hombre, patrón, señor. En el caso del homosexualismo necesitaría ayuda, ya que mi pequeño cerebro entiende que cualquiera de los calificativos anteriormente mencionados serviría para el caso que queremos poner en consideración de los lectores. (De no ser así puede dejar en los comentarios cual calificativo serviría).

Necesariamente en algún momento asistimos a reuniones con compañeros de trabajo o de estudios de nuestra pareja, al llegar a la reunión uno comienza a escuchar con atención. Ya que comienza lo más divertido para el integrante de la pareja que no pertenece al grupo; es el momento en que conoce a los personajes de los cuentos relatados por su pareja; toman vida los personajes que hasta ese momento eran una leyenda urbana.

El sentimiento y emoción que nos envuelve en este momento es muy superior al experimentado al conocer a ese locutor o locutora de radio que escuchamos, ya que de estos al menos conocemos la voz. Ahora de los compañeros de trabajo o de estudio, solo tenemos esa imagen que formamos al escuchar los cuentos de nuestra pareja.

De ahí en más es toda una tragedia la reunión, pues uno se ve limitado y no puede comentar estas sensaciones, esboza una sonrisa que nadie entiende ya que el tema para romper el hielo siempre es el estado del tiempo, o lo que demoro en encontrar la casa fijada par dicha reunión. Ambas conversaciones sin ningún sentido de humor, por lo cual a uno ya lo catalogan como pavote o ganso; por supuesto que nadie se atreve a comentarle esto a uno. Así que hasta el momento estamos empatados con el tema sensaciones.

Ahí no más, luego que todos nos ponemos de acuerdo de que el tiempo esta loco (no sería un buen momento para que Tiempo sea visitado por un siquiatra) comienzan lo que denominaremos “charlas internas” o “charlas específicas”. Dichas charlas son la vedette de este tipo de reuniones, donde uno no entiende el 99% de lo que se habla, y hasta se discute acaloradamente como si se tratara de solucionar el mundo.

Y de eso se trata en realidad, de arreglar el mundo, el mundo de trabajo o estudio al cual no pertenecemos y por lo tanto no sabemos que aportar para su solución.

Por suerte con Analía, encontramos una buena solución para este tipo de reuniones. No piensen que dejamos de asistir, por el contrario en el camino a la reunión nos decimos algunas palabras claves; si la reunión es de los compañeros de Analia yo estoy habilitado a decir “HPLC”, que no sé que es, pero suena importantísimo; por el contrario si la reunión es con mis compañeros, Analía sabe que decir “IPA”, “la culpa no es solo de los docentes”, le suma como mil puntos en dicha reunión.

Si lo desean pueden dejar sus experiencias en los comentarios.