viernes, 19 de septiembre de 2008

Maradona y 10 más


Haciendo un corte en esta tarde de estudio y en un mes donde los tiempos para dedicarme a escribir se me han acotado, la probabilidad de encontrar un tema para despuntar este vicio de “jugar el papel escritor” era de 0,001. De repente me encuentro con este afiche de “Amando a Maradona”, y me pregunté a mi mismo:

- ¿Por qué no?

- ¿Por qué sí?

Preguntas sin sentido, evidenciando un gran embole.

Recuerdo aquellos domingos de mañana cuando mi padre me levantaba y juntos nos sentábamos frente al televisor para ver el fútbol italiano, en esa época donde el cable y la Internet no existían en mi vida, y al mundo solo lo conectaban los boletines de la cadena EFE. J. C. Scelza relataba y el comentario estaba a cargo de Enrique Yanuzzi. Deporte Total los unía en una cofradía casi inseparable al mejor estilo de Batman y Robin. Con el tiempo la cofradía se rompió y a Yanuzzi lo bajaron del avión.

Maradona era la excusa para levantarse temprano, un petiso retacón que con su habilidad maravillaba al mundo del fútbol. Y me daba la esperanza de poder triunfar dentro del deporte, por esa época yo también era un petiso retacón. Además de la pasión por el deporte mi padre subliminalmente me transmitía valores artigüistas ya que de aquel equipo del Nápoles solo recuerdo a los brasileros Alemao y Careca, y por supuesto a Diego Armando Maradona. Ahora entiendo lo de la patria grande, la América Latina unida.

Con el tiempo Maradona fue cambiando, por momentos héroe, por momentos villano. El hombre fue gordo, flaco, barbudo, fumado. También se pinto el pelo y lo besó al pájaro.

Provoco que por única vez llegara a un partido en un segundo tiempo, era un partido a beneficio. Era la oportunidad de verlo jugar en vivo y en directo en el propio Estadio Centenario (llegué tarde por motivos de trabajo) iban 3 minutos del segundo tiempo. Pero lo vi jugando, ya se había retirado, pero a partir de ese día ¿quién me quita lo bailado?

Habló con el Papa, Fidel y los Susanos. Tuvo su propio programa de televisión, no era necesario.

Inmortalizó la frase: “…la pelota no se mancha…”

Nadie le dijo nunca que eso era empíricamente falso. La pelota se mancha, la manchamos. Pues quienes jugamos con la pelota somos humanos y los humanos nos equivocamos.

Tal vez lo alentamos, apluidimos, y también lo empujamos, o el se empujó solo creyéndose las palabras de Andrés Calamaro: “…Maradona no es una persona cualquiera…”

Y tal vez ese fue el error del resto: no entender, no querer ver, que Diego Armando Maradona es solamente un humano.

Homenaje al más grande de los malabaristas que vi dentro de una cancha de fútbol.