jueves, 10 de julio de 2008

El menú del día

Martes a la tarde, salame, mortadelas y algún que otro queso. Nada parecía romper la monotonía de la fiambrera. Como buena compañera se ofreció para colaborar con la rotisera removiendo los pollos que daban vueltas como siempre, nada parecía romper la monotonía de los pollos.

Entonces se escucho una voz que irrumpió en la tarde:

- “…No tienes menú del día…”

Entonces ella sonrió, y sonrojo sus 180 kilo gramos de felicidad y le respondió:

- “…no…no tenemos menú de día…si queres fíjate en la góndola de los preparados…”

El atónito la miro a través de sus gafas de sol cual cantante de Supersónicos, y dejo entrever que en su vocabulario no había lugar para góndolas. La fiambrera entendió enseguida, al igual que cuando uno le pide queso y acota:

- “…dame el de oferta…”

Volvió a sonreír y le mostró las ensaladas, las tortas y los fritos de la rotisería. El respondió sonriendo y dejando caer el audífono de su oreja derecha. Comenzó un dialogo acalorado para estas fechas:

- “…las empanadas están…”

- “…que pinta tienen esas carnes…”

- “…son frescas…”

- “…del día…”

Y apareció la rotisera:

- “…si del día en que las hice…”

Los tres explotaron en carcajadas, mis papas fritas ya estaban preparadas y me esperaban en la caja para pagar e irnos. El trío quedo sonriendo, el amigo no encontró el menú del día, pero se llevo dos nuevas amigas.