domingo, 25 de mayo de 2008

La madre de Artigas

José Gervasio Artigas es el prócer de nuestra tierra. Durante el período escolar y liceal nos enseñan a quererlo, nos cautivan con cuentos patriotas y nos bombardean con frases del prócer: “…Sean los orientales tan ilustrados como valientes…”, “…Curar a los heridos, clemencia para los vencidos…”. Y existe una tercera que incluye perros cimarrones, que en estos momentos no me acuerdo, que deja a entender que peleará como un perro cimarrón, dejando claro que ya en el 1800 las peleas clandestinas de perros eran algo habitual.

Imagínense el honor de llevar el apellido Artigas en estos tiempos que corren. Dicho honor puede conllevar cierta vergüenza en tu etapa adolescente si además tus padres eligieron bautizarte José Gervasio. Creer o reventar pero existe en este Uruguay del siglo veintiuno un José Gervasio Artigas que reside en el departamento de San José.

A sus 17 años José disfruta más del vino y de hacerse la rata que concurrir al liceo, con la cual su madre se ve doblemente preocupada. Primero por que su hijo no concurre a clases, motivo por el cual este Artigas no logrará ser tan ilustrado como valiente, y en segundo lugar no porque le moleste el gusto que desarrolló José por el vino, sino que lo que más la preocupa es no poder cobrar a fin de mes las asignaciones familiares debido a las constantes faltas de su hijo al liceo.

Para remediar esta situación la madre de Artigas tuvo la feliz idea, cuaderno y lapicera en mano, de asistir ella misma a tomar las clases. La primer materia de esa noche, vaya paradoja del destino era Historia.

El profesor al detectar que posiblemente era una alumna nueva le preguntó:

“…Buena amiga… ¿Usted quién es? ¿Esta en lista?...”

A lo cual la señora respondió orgullosa:

“…Yo…yo soy la madre de José Gervasio Artigas…y vengo a tomar clases en lugar de mi hijo…”

El docente sorprendido y ante la risa de los demás alumnos, le explicó a la señora que esto no era lo correcto y que debía ser el propio José Gervasio Artigas quien debía asistir a clase.

Minutos más tarde la directora y adscripta de la institución educativa le explicaban a la señora fuera del salón que lo que ella pretendía en primera instancia no podía llevarse a cabo. Entonces fue la madre de Artigas quien salió del liceo y fue a buscar a su hijo que se encontraba en una zanja disfrutando de un delicioso Tanat, para que éste fuera a clase.

Mientras tanto en el salón el profesor intentaba calmar las risas de los compañeros y amenazó con voz de mando:

“…al que se ría cuando entre José Gervasio Artigas…le pongo un uno…”

Y la clase explotó en una sola carcajada.

Existen las leyendas de que Artigas era contrabandista, se casó con su prima y que su camino a héroe esconde piedras en el camino. Esta historia no contada en las esuelas se asemeja muchas más a la historia de nuestro amigo José Gervasio Artigas.

José Gervasio Artigas entró a clase, y en ese momento no voló ni una mosca, solo un alumno comentó:

“…Me acaba de mandar un SMS Juan Antonio Lavalleja, que se le inundó el bote y llega mañana…”